Producción: Ingobernable
Creador: Epigmenio Ibarra
Año: 2017
Plataforma: Netflix

 

En cinco líneas esta serie:

Es un thriller político

Pone énfasis en las secuencias de acción

Tiene claras influencias de las “narcotelenovelas”

Tiene relevancia social

Las actuaciones son desiguales en calidad

 

  

 

Después de mucho anunciarse y tras largos meses de escándalo y rumor, finalmente Netflix estrenó Ingobernable, su nueva serie original, protagonizada por Kate del Castillo y producida en alianza con Argos. En ella, la actriz representa el papel de la primera dama de un México ficticio, pero paralelo al nuestro, y en el cual podemos reconocer algunos de los muchos males que nos aquejan. Sin embargo, más que de una gran crítica naturalista –lo cual no pretende ser–, se trata de un producto que recupera las fórmulas del thriller político, la acción y el melodrama narcotelenovelero, situándolas en el contexto de un magnicidio inverosímil y sus consecuencias.

La historia que se narra en Ingobernable parte de los últimos momentos de la vida del presidente Diego Nava (Erik Hayser), un reformador que, después de haber traicionado su promesa de sacar a México de la violencia y la corrupción –y de quien su esposa ha decidido divorciarse–, es asesinado. Ya que Emilia Urquiza, la primera dama, es la principal sospechosa del crimen, esta resuelve emprender la huida y, como si se tratase de El fugitivo, hacer todo lo necesario para limpiar su nombre y descubrir al verdadero perpetrador… mientras, de paso, salva a México. Con la ayuda de la nana de sus hijos, que tiene vínculos con ilustres habitantes de Tepito, dispuestos a asistirla, ella logra evadir a todo el Estado mexicano y ofrecerle auténtica batalla. Así, en resumen e intentando evitar los “estropeos” (spoilers)

No es poca cosa que una producción de Netflix hable sobre los problemas tan terribles que afectan a nuestro país (y que nuestro gobierno tiende a minimizar o a negar). Es, sin duda, un reconocimiento y una manera de mantener vigente la memoria y vivo el debate, y de mostrárselos al mundo. Sin embargo, como serie, hay otros criterios que deben considerarse al hacer una crítica. En primera, las actuaciones (y los personajes) son, en general, inconstantes y tienen un fuerte tufo a narcotelenovela. Y no porque en ella se repita la exitosa fórmula de La reina del sur, serie en la cual Kate del Castillo también interpreta a una mujer que tiene que huir y superar a enemigos poderosos, sino en aspectos de escritura y producción. En lo relativo al guion, destaca la inclinación al panfleto y al melodrama. Por momentos, la serie se esfuerza demasiado en servir de voz a los (supuestos) reclamos y rencores populares y cae en simplificaciones graves, como romantizar el crimen y confundirlo con la resistencia política legítima. Por otra parte, ya en pantalla, se cometen imprudencias que rompen la fe poética de la ficción; entre ellas, que un habitante de Tepito, de pronto, hable como cubano o que algunos actores se muevan y entonen sus parlamentos al estilo de un actor de teatro. Finalmente, destaca la musicalización, que a pesar de tener grandes aciertos, también abona a esta atmósfera de sentimientos desbordados y forzados, tan característica del melodrama.

Como ya dije, a parte de este claro parentesco con las narcotelenovelas, Ingobernable tiende a ceñirse a los cánones del thriller y la acción, y en este sentido, no ofrece nada fuera de lo ordinario. Lo que sí hace es adaptarlos, considerando a México, dentro de un mercado global, como un espacio narrativo válido para el desarrollo de ambos géneros. Y eso, aunque no encante la serie, es algo que debe celebrarse.

 

 

 

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