Producción: WONDER WOMAN 1984
Dirección: Patty Jenkins 
Año: 2020
Plataforma: Cartelera 

 

En 5 líneas esta película:

Es secuela de la superheroina de Temiscira

Nos regala a las amazonas en su mejor momento

Tiene Pedro Pascal y Kristen Wiig haciendo lo suyo como los villanos

Es un viaje en términos más personales para esta superheroína

Será menos sorprendente si la comparamos con su predecesora

 

  

 

La última vez que vimos a Mujer Maravilla fue al final de la II Guerra Mundial, enfrentando al temible dios de la Guerra, Ares (David Wheeler), como resultado de una aventura en la que pudo descubrir cuál era exactamente su propósito en el mundo. Ganó conocimiento, ganó valor, ganó experiencia y…ganó también un romance inesperado; todo en una película emocionante de principio a fin. Sin embargo para esta segunda parte, la directora, Patty Jenkins (quien también se involucró en la construcción de la historia y el guion) tomó algunas decisiones diferentes: entre ellas, la más importante, fue llevarnos en un salto en el tiempo de aproximadamente cuarenta años.

La fecha es 1984: nada ha cambiado para Diana Prince, su vida está apegada a la cotidianidad de un superhéroe: artefactos misteriosos, nuevos villanos y sus típicos planes malévolos de venganza, riqueza y poder. No obstante la variable que le da forma a toda la narrativa es la de los deseos. Jenkins explora la fuerza de desear algo y la coloca como el núcleo central de todos los conflictos, en especial uno que resulta íntimo para la protagonista: recuperar lo que una vez el pasado le quitó. Situación que nos permite visualizar a una Mujer Maravilla pensada primero en la individualidad de su ser, en vez de la superheroina que, por naturaleza de oficio, está obligada a salvarle la vida a los demás (aunque esto último nunca falta).

La Diana Prince que vimos salir de su isla con el solo propósito de matar a Ares ya no es la misma de Wonder Woman 1984, no tiene ese impulso heroico de descubrir-vencer-vivir que habitaba en su ingenuidad. Estamos en una faceta completamente personal de la protagonista, que tiene que luchar primordialmente con los matices positivos y negativos de sus propios deseos. Gal Gadot sabe cómo llevar a Diana Prince en esa madurez y Jenkins procura que, aunque no sea igual de sorprendente que antes, tampoco resulte un viaje aburrido.

La directora sentó una vara alta al colocar en la primera película a un dios de la guerra como antagonista; pero en esta secuela definitivamente podemos descartar al villano majestuoso de la ecuación. En cambio, lo que Jenkins nos ofrece son dos personajes igual de confundidos y asediados por el placer individual: Maxwell Lord (Pedro Pascal) un empresario ahogado en sus propias ambiciones y Bárbara Minerva (Kristen Wiig), una mujer deseando ser reconocida en el mundo que le rodea, pero que termina eligiendo las razones incorrectas para llamar esa atención.

Ni Lord, ni Minerva son rivales para Diana; pero de igual forma ambos están bien ejecutados por los dos actores que les dan vida. Pascal sabe como transmitir esas ambiciones de su personaje y Wiig los celos que dominan al de ella. Sin embargo en el caso de Bárbara, espero sea sólo una pizca de lo que podemos visualizar de Cheetah en el futuro y que su transformación se complete en alguna próxima película como la emblemática villana que es para la mujer maravilla.

Quizás Wonder Woman 1984 no tenga los impactos que imaginamos tendría una secuela de aquella primera película del 2017, pero algo es innegable: ¡qué fascinantes son las competencias atléticas de Themyscira! Lo mejor de esta continuidad está en sus primeros diez minutos. Lilly Aspell, la niña que interpreta a Diana en esa secuencia de apertura, merece un fuerte aplauso. No es nada descabellado ver una aventura en solitario sólo de las Amazonas, si van a ser exactamente como las hemos visto en ambos filmes de la mujer maravilla.

En conclusión, esta película se propuso elaborar una aventura personal para esta superheroina, lo cual logra a la perfección. Podemos decir que tal vez sea un estado de duelo demasiado largo por la muerte de Steve Trevor (Chris Pine) convertido en secuela o, como yo prefiero verla, una importante lección sobre lo valiosa que es la verdad. Jenkins nos da un final reflexivo, nada espectacular, pero que acompañado con la misma música que el maestro Hans Zimmer y Junkie XL compusieron para la muerte de los padres de Bruce Wayne, en Batman vs Superman, queda perfecto para que ese momento crucial sea igual de satisfactorio que lo apabullante que tanto demandamos.

 

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