Producción: Abril y el Mundo Extraordinario
Director: Christian DesmaresFranck Ekinci
Año: 2015
Plataforma: Cineteca Nacional

 

En 5 líneas esta película:

Es de animación

Crea un mundo fantástico

Es de buenos trazos

Tiene buen guion

Termina algo precipitada

 

   

 

La pareja compuesta por Christian Desmares y Franck Ekinci, dos experimentados animadores para cine y TV de la industria francesa, decidieron dar vida a un guion de la autoría del segundo en colaboración con Benjamin Legrand, e inspirados por la obra del consagrado caricaturista paisano Tardi. El grupo creó Avril Et Le Monde Truqué, una película que es debut de ambos como directores en la pantalla grande, y cuyo mensaje es una reflexión sobre el impacto de la tecnología en la sociedad y la naturaleza, desglosada a través de un argumento tan inusual y revuelto como difícil de explicar, sin caer en los vicios de contar demasiado o muy poco. De cualquier manera, haré el intento.

Año 1941. París (y el mundo entero) vive en una realidad alterna muy cercana al steampunk, en la cual la quema de leña ha sustituido al carbón como única fuente de energía. Europa está condenada a una existencia sin vegetación ni aire limpio, debido a que por más de sesenta años, los científicos más prominentes del mundo han ido desapareciendo misteriosamente, por lo que sus estudios nunca tienen un efecto en la historia. Acompañando a Einstein, Fermi y muchos más, se encuentran los padres de Abril, científicos que también se esfumaron en circunstancias inciertas, justo antes de terminar un suero de invulnerabilidad en el cual trabajaban, junto al abuelo de Abril, dejándola sola con su gato y único amigo: Darwin. Ella ha desarrollado el mismo interés por la ciencia y clandestinamente intenta terminar el suero, hasta que se descubre perseguida por las mismas razones que sus padres.

Prometo que la película es mucho menos siniestra que lo aparente, sin que eso le reste sus correspondientes dosis de tensión y dramatismo, la realidad es que todo este entramado y las preguntas que puedan surgir de semejante extravagancia sólo son la entrada a un universo lleno de hollín, conflictos bélicos, animales parlantes, pociones de inmortalidad y conspiraciones mundiales que hay que ver para creer y comprender.

Desmares y Ekinci han elaborado un relato tan extraño como fascinante, lleno de imaginación y entusiasmo hasta el punto del disparate, balanceándose sobre la cuerda floja con alto riesgo de colapsar sobre sus propias aspiraciones, sin que la calamidad llegue a consumarse, gracias a su humor delicado y su dócil trato hacia sus personajes, humanos o no. ¿Y qué decir de la animación? El trazo sencillo y práctico, derivado de la influencia caricaturesca de Tardi, es complementado con un asombroso uso de la luz y los espacios, que regala postales especialmente bellas en sus planos abiertos sobre la capital francesa, casi monocromática por el reinado del smog y ausencia de flora.

Son tantos los elementos que se van sumando durante la película, que la resolución del mayor de sus conflictos, una vez que el principal misterio es develado, tenía que sentirse apresurada y forzada; sin embargo, no es un obstáculo mayor para el disfrute de semejante travesía, porque mundos como el de Abril no se atestiguan todos los días.

 

 

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