Producción: El Baile de los 41
Director: David Pablos
Año: 2020
Plataforma: Cartelera

 

En 5 líneas esta película: 

Basada en el famoso evento histórico

Tiene un guión excelente

Tiene gran diseño de vestuario

Deja mucho que desear en su dirección

A ratos se siente apresurada

 

   

 

México necesita más cine LGBTQ. Donde otros países van ya encaminados en lograr que el cine queer deje de ser un cine para otros, un género, o incluso una frase sucia, México va apenas dando sus primeros pasos, incursionando con películas donde el personaje gay ya no existe nada más para ser un chiste. Con películas como Cindy la Regia (Aguilar Mastretta; Limón, 2020) y la que hoy nos atañe, el futuro pinta bien.

El Baile de los 41, dirigida por David Pablos, recrea los eventos que precedieron al escandaloso evento conocido como el baile de los cuarenta y un maricones, en donde una redada policial ocurrida una madrugada durante la presidencia de Porfirio Díaz, concluyó con el arresto de cuarenta y un hombres, todos ellos participantes del baile, y la mitad vestidos con ropa de mujer. Se cree que en realidad eran cuarenta y dos los hombres, siendo el último nada más y nada menos que el yerno del presidente, Ignacio de la Torre y Mier, por lo que su nombre fue omitido de la lista y se le exoneró de todo cargo.

La película nos presenta a un de la Torre y Mier (interpretado por Alfonso Herrera) que no termina de darnos razones para que estemos de su lado, cuando sus dos estados de ánimo en pantalla son enojado y muy enojado, una decisión de dirección que no encaja en lo que la historia, se supone, busca hacernos sentir por el protagonista. Emiliano Zurita, por el otro lado, interpreta a Evaristo Rivas, su amante, un personaje tibio que desgraciadamente solo existe para ser el interés romántico de Ignacio. Los demás miembros del club de los cuarenta y dos hacen lo posible por interpretar la comunidad homosexual de la época con resultados mixtos, donde todos, absolutamente todos, caen en el cliché de darle a sus personajes todos los manierismos habidos y por haber al personaje gay, solo que en este caso, es a todos los personajes gay, que parecen una amalgama de La Jaula de las Locas, pero en frac y sombrero de copa. Una personalidad única y exagerada repartida entre cuarenta señores.

Donde las actuaciones no son el máximo de la película, el guión de Monika Revilla sí lo es, y es que a pesar de que la dirección de Pablos deja mucho que desear a la hora de retratar a los homónimos cuarenta y uno (42, mejor dicho), la historia como tal se siente como un gran avance dentro de la narrativa queer en el cine mexicano, pues si bien una historia trágica, Revilla hace un excelente trabajo en evitar convertir a Ignacio de la Torre y Mier en un mártir de la causa, dándole suficiente espacio para tomar decisiones que lo dejan transitar el espectro entre héroe y antihéroe. Amada Díaz (Mabel Cadena) es otro buen ejemplo, siendo en simultaneo víctima y victimario de su esposo, un personaje que nos deja ver lo peor de la sociedad mexicana de ese entonces (y todavía de hoy en día), pero sin ser la villanía absoluta encarnada.

Sería injusto no mencionar el excelente trabajo del departamento de vestuario, que se encargó de traer los mil novecientos hasta la comodidad de nuestra butaca con una destreza excepcional. Hacer cine de época es lo contrario a sencillo, y cuando se tiene la precisión y dedicación de hacerlo bien, de hacerlo con ganas, el resultado se aprecia en cada prenda que desfila por la pantalla.

El Baile de los 41 es una película que dista de ser perfecta, pero una que le abre la puerta a los guionistas, directores y productores del país para intentar llevar sin tanto miedo este tipo de historias a la pantalla, ¡y qué bueno! Ya es tiempo.

 

 

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