Producción: Almacenados
Director: Jack Zagha
Año: 2015
Plataforma: Cartelera

 

En 5 líneas esta película:

Es de drama y comedia ligera

Está bien actuada

Es sencilla pero punzante

Es una invitación a la reflexión

Puede resultar “teatral”

 

   

 

Jack Zagha Kababie adaptó a la pantalla grande la obra homónima del dramaturgo español David Desola, para darle seguimiento a su disertación sobre el paso del tiempo, los sueños rotos y la defensa de las ilusiones remanentes; temas constantes de una corta y ligera, pero entretenida filmografía.

En esta ocasión, nos trasladamos a un viejo almacén de mástiles, ubicado en los suburbios de la Ciudad de México, donde el señor Lino (José Carlos Ruiz), un octogenario en vísperas de la jubilación, y Nin (Hoze Meléndez) un joven que comienza su vida laboral, están destinados a pasar cinco días juntos, durante el proceso de transición de responsabilidades del primero hacia el segundo. El par está recluido en un espacio que no cuenta con un solo mástil almacenado, donde nunca llega un solo camión con mercancía para descargar, no entran ni salen llamadas telefónicas y el trabajo real se limita a registrar la entrada y salida de los empleados en una máquina que hace mucho tiempo dejó de marcar la hora correctamente.

Bajo estas circunstancias, en las que el motor de la existencia es la espera de algo que no tiene intenciones de llegar, el obvio contraste entre las figuras de Lino y Nin pronto desata una secuencia de tensas interacciones. El diálogo entre ambos está dotado de un humor oscurecido por el confinamiento de ambos personajes, hasta entonces unidos por una cosa: el salario, y para Lino, un inquebrantable código de lealtad hacia el señor Salvaleón, dueño de la compañía a la cual ha dedicado toda su vida y ente de cualidades casi divinas para el viejo encargado del almacén, quien nunca lo ha conocido en persona.

La puesta en escena expone la naturaleza teatral de la fuente, cuyo propósito es crear un espacio de aislamiento donde los opuestos personajes son obligados a encontrarse, primero de forma brusca, chocando vez tras vez hasta encontrar eventualmente cierto equilibrio en su naciente relación. Una vez que son empujados a quitarse sus máscaras para revelarse el uno al otro, pero sobre todo para desmentirse sobre ellos mismos, el par descubre que la distancia inicial marcada entre ellos por la edad, apariencia física y personalidad es mucho más corta de lo previsto, en comparación con las motivaciones y miedos que comparten.

Se trata de un relato tan sencillo como efectivo, gracias a la solidez del texto adaptado, la mancuerna entre Ruíz y Meléndez y la sensibilidad de Zagha Kababie para coreografiar los movimientos livianos con los dramáticos, en una danza modesta pero fluid. El espacio se aprovecha a su disposición con una esmerada atención a los detalles, que otorgan una inusitada profundidad a la cotidianidad y los tediosos protocolos laborales. Almacenados arropa su relato bajo un espíritu absurdo deudor de Samuel Beckett, pero que sabe encontrar un camino más bien reconciliador hacia su resolución. Por acá está el camino correcto para la comedia nacional.

 

 

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