Producción: Bayoneta
Dirección: Kyzza Terrazas
Año: 2018
Plataforma: Cartelera

 

En 5 líneas esta película:

Trata sobre el boxeo y temas aledaños

Es una de las mejores actuaciones de Luis Gerardo Méndez

Es un denuncia en contra la industria del espectáculo y la violencia

No causa el impacto esperado en sus giros narrativos

Desaprovecha ciertos temas

 

  

 

El oficio del pugilista es un deporte millonario donde el dinero cambia de manos con una velocidad exorbitante y que hasta la fecha llena las salas y las pantallas, no solo en sus transmisiones, sino en sus historias de ficción, por lo que a sido un tema recurrente en el cine desde sus inicios. A él se han sumado nombres como Keaton, Chaplin, Griffith, Hitchcock, Kubrick, Scorsese, Eastwood, Stallone y un largo etcétera; mientras que en México también se ha codeado con el cine nacional con obras magnas como Campeón sin Corona (Galindo, 1946), Pepe el Toro (Rodríguez, 1952) y Nocaut (García, 1983).

Sin duda más de un gran boxeador ha salido de barrios como la Lagunilla o Tepito, así como de otros estados de la República, sobre todo en el norte del país. Esa larga tradición ha inspirado al director Kyzza Terrazas (El Lenguaje de los Machetes, Somos Lenguas) a dirigir a Luis Gerardo Méndez en su nueva cinta titulada Bayoneta, donde este interpreta a un boxeador retirado y autoexiliado en Finlandia.

La cinta inicia con una tragedia que a bien no tenemos clara, pues de inmediato pasamos a la fría nación nórdica donde aquél ya opera como como entrenador de boxeadores de medio pelo junto a su exentrenador y socio, interpretado por el cada vez mejor posicionado, Brontis Jodorowsky, en un gimnasio lleno de deudas y movimientos truculentos con los que ellos no están muy de acuerdo. A la fría e introvertida interpretación de Méndez se le nota la preparación física y la aclimatación a las altas temperaturas del lejano país, pues ofrece una de su entregas más físicas y mejor planeadas/ejecutadas de su carrera, algo que ya venía anticipando desde Tiempo Compartido (Hofmann, 2018).

Acá la dupla despunta una historia con secretos y aristas inexploradas que cargan el personaje de errores pecaminosos, que lo llenan de culpa y auto desprecio, y aunque por un lado se nos avisa con muchísima anticipación el origen de tal aflicción, la cinta nos lo revela demasiado tarde, algo que medianamente tira un poco al traste tan buen desarrollo. Es claro que hacer una película de un tema tan sobado es complicado y sacarse de encima ciertos clichés es un lastre que hay que cargar, y de cierto modo la cinta trata de no obviar lo sucedido (aunque termina por hacerlo), sino que presta atención a otros temas, como la corrupción del deporte, la conciliación del pasado y desde luego, la migración, que quizá le hubiera agregado un poco más de sustancia a la narración, pues en la historia la nacionalidad del personaje siempre es un carácter de peso.

Un buen intento con un gran tropiezo, que no obstante, no demerita los planos largos, los rostros afligidos, los flashbacks abrumadores y las caracterizaciones sobrias que acondicionan muy bien al espacio como un lugar hostil, como el alma y la mente del torturado ex deportista.

 

 

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