Producción: Ella Es Un Monstruo (Colossal)
Director: Nacho Vigalondo
Año: 2016
Plataforma: Cartelera

 

En 5 líneas esta película:

Es una mezcla de géneros, entre comedia y terror

Es entretenida y dinámica

Nos trata de decir algo más de lo que hay a simple vista

Trata de balancear mucho, a veces sin éxito

Se disfruta mejor si se le tiene algo de paciencia

 

  

 

Desde los inicios de su hiperactiva carrera, Nacho Vigalondo ha sabido llamar la atención con su poco convencional y energética visión, siempre dispuesta a bailar un son distinto en cada nueva entrega, sin miedo a caer de la gracia de la mayoría con tal de dar en el clavo con algunos locos dispuestos a abrazar su propuesta enrarecida y experimental. La trayectoria del realizador a veces acierta con gracia (Los Cronocrímenes, 2007), otras falla estrepitosamente (VHS, 2014); la única constante es ese fuerte abrazo hacia el riesgo suicida en pos del asombro más inesperado, que hace complicado reseñar su cine, habitualmente empapado de entusiasmo y creatividad, en potencial agravio de las reglas del argumento, el apropiado cierre de arcos y la mismísima lógica.

Bajo esta condicionante, surge Colossal, una vuelta de tuerca al subgénero de monstruos, con una premisa divertidísima que cuenta más de lo que aparenta: Gloria (Anne Hathaway) es una adulta joven, sin trabajo, fiestera y con indicios de alcoholismo; su estilo de vida caótico provoca que su novio Tim (Dan Stevens) la eche del departamento, obligándola a volver a su pueblo natal a penar sus miserias. Rápidamente hace contacto con Óscar (Jason Sudeikis), un amigo de la infancia con una actitud hacia ella demasiado amistosa para ser confiable, quien le ofrece empleo en el bar que heredó de su padre. Al mismo tiempo, la noticia de la aparición de un monstruo gigantesco causando destrozos en Seul consterna a Gloria, quien tarda poco en darse cuenta que los movimientos del monstruo son un espejo de los propios.

La cinta es comedia, terror, drama… Colossal se columpia entre muchas sensaciones, a veces de manera atropellada, pero sobre todo, desconcertante, porque en esta ocasión, el gran riesgo de Vigalondo es usar la figura del monstruo como macguffin para contar otra historia, la verdadera, más íntima y siniestra, sobre la monstruosidad dentro de sus antagonistas masculinos: Óscar y Tim. El primero, un resentido controlador que al confirmar la falta de interés de Gloria hacia sus acercamientos amorosos, acude al abuso físico y el chantaje para tenerla cerca, al descubrir sus actos también influyen en la crisis coreana; mientras que el segundo se revela como un pusilánime que usa la culpa y el sometimiento emocional como herramientas de ataque.

Antes ellos, el heroísmo de Gloria es forzado a surgir desde la autoaceptación y el amor propio, para primero defenderse de sus opresores y después lidiar con su faceta monstruosa, mientras el alcohol no se interponga. Es una maniobra ingeniosa de parte del cineasta cántabro, firme y efectivo trabajando con sus actores y supervisando los efectos visuales, el problema es que se olvida de todo lo demás. La falta de sentido a los eventos que explican la aparición del monstruo y el anárquico clímax es imposible de ignorar. Se requiere de complicidad paciente hacia lo que se está tratando de contar a través de sus conflictos humanos para balancear positivamente las fortalezas de la propuesta contra sus pecados. Si se supera esta aduana, el resultado puede ser inesperadamente enriquecedor.

 

 

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