Producción: Destrucción (Destroyer)
Director: Karyn Kusama
Año: 2018
Plataforma: Cartelera

 

En 5 líneas esta película: 

Es un drama policíaco

Está contada en diferentes líneas temporales

Resulta anticlimática

Es difícil conectar con la historia

Solo Nicole Kidman la mantiene andando

 

 

Nicole Kidman estrenó tres películas durante el 2018: Aquaman (Wan), que va ganando millón tras millón en taquilla internacional, Boy Erased (Edgerton) que nos llega a tierra Azteca a mediados de marzo, y Destrucción, que entró recientemente en cartelera independiente. En todas ellas interpreta, de manera muy diferente, a madres que por una u otra razón, tienen que tomar una decisión difícil que en primera instancia será más o menos lo que ponga en marcha la trama de la historia, de las tres historias.

Por su papel en Destrucción, la australiana fue recientemente nominada al Globo de Oro a la mejor actriz, perdiendo ante Glenn Close (pero ganándole a Lady Gaga, gracias a Dios) por su trabajo en The Wife (Runge); curiosamente, la película dirigida por Karyn Kusama no tuvo ninguna otra nominación, ningún otro reconocimiento y en general pasó por cartelera estadounidense sin agitar mucho las aguas. Ahora que finalmente la pude ver, entendí por qué.

Destroyer nos cuenta la historia de Erin Bell, una detective de la policía de Los Ángeles que siempre se ve como si no hubiera dormido ni se hubiera duchado en dos semanas, mínimo. Desde el primer vistazo ya queda claro que la mujer es una renegada, una solitaria, y que tiene un pasado oculto y difícil. Así, la película comienza con un cadáver del cuál Bell asegura conocer al asesino, e inmediatamente después la trama se divide en diferentes líneas de tiempo que nos llevan a conocer cómo es que esta temeraria mujer dejó de temerle a Dios y quién es el muerto misterioso.

Dejemos esto en claro: Nicole Kidman es una actriz excelente y su reputación la respalda, como una garantía muda de la que todos somos parte. Ahora que ya quitamos eso del camino, puedo decir lo siguiente así, como es: Destrucción no es una buena película.

La historia del policía renegado es antigua como el cine policíaco, y es por eso mismo que a través de las décadas se ha ido buscando una manera de hacer algo original y diferente con cada personaje que se nos presenta. El cine negro, el nuevo cine negro, las películas que más recordamos de estos géneros son las que lo han hecho bien y precisamente por eso las recordamos. Destrucción falla en su cometido y, con todo y que tiene como protagonista a tremendo talento, no logra lo más básico para generar un buen personaje: crear empatía, mantener el interés, interesarnos por el camino de nuestro héroe. Entendemos que Erin Bell está furiosa con la vida, pero no nos termina de convencer la razón, porque nos la presentan demasiado tarde. Sabes que algo terrible pasó, pero la construcción es tan pobre que cuando al fin nos enteramos de qué fue, ya no nos importa.

La dirección de Kusama y la fotografía de Julie Kirkwood tampoco ayudan mucho, y en un muy evidente intento por crear momentos de tensión, de ruptura y de contemplación, simplemente se van arrastrando escenas, cargándolas de primeros planos que se sienten como una repetición innecesaria entre sí y que no resuelven ni suman nada en realidad. Son peso muerto, un vórtice de caos en un Los Ángeles sepia ambientado con metal pesado y música country.

Sebastian Stan, Tatiana Maslany y Toby Kebell acompañan a Kidman en pantalla, con personajes que desde primera aparición se notan como atados de manos por una dirección floja y descuidada, y que realmente no les permite exponer esos brillantes momentos que les hemos visto actuar en I, Tonya, Orphan Black y Black Mirror, respectivamente. Existen a la fuerza en un universo en el que solamente Nicole logra brillar con luz propia y sobresalir, obligándose a ser heroína y villana porque no tiene más opción.

¿Conclusión? Fue un buen intento, uno muy válido, pero uno que no logró pasar más allá de la emoción efímera cuando salieron a la luz las primeras imágenes de Nicole Kidman ya lista y maquillada para lo que muchos creíamos sería la actuación de su carrera. Seguiremos esperando, entonces, y si no, personalmente me quedo con Moulin Rouge! (2001, Luhrmann).

 

 

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