Producción: El Faro (The Lighthouse)
Director: Robert Eggers
Año: 2019
Plataforma: Cartelera Independiente

 

En 5 líneas esta película: 

Es de suspenso con toques de horror

Está ligeramente inspirada en un cuento

Es visualmente espléndida

Tiene actuaciones impecables

Tiene una historia intrincada a la vez que sencilla

 

   

 

Hubo un momento extraño en nuestra historia cinematográfica colectiva, en que un buen número de críticos y fanáticos del horror estaban seguros de que el género había muerto, no porque ya no se hicieran películas de miedo, pero simplemente porque ninguna parecía satisfacer esas ganas de volver a ver una Exorcista (Friedkin, 1973) o El Bebé de Rosemary (Polanski, 1968) por primera vez. Para sorpresa de muchos, el horror estaba lejos de estar muerto y eso quedó más que comprobado con una nueva oleada de cineastas que llegaron a revolucionar las salas de cine con películas como The Babadook (Kent, 2014), Get Out (Peele, 2017), Hereditary (Aster, 2018) y The Witch (Eggers, 2015).

El Faro es la nueva y esperada película de Robert Eggers, director de La Bruja; una propuesta simultáneamente nueva, pero equivalente a su anterior película, en la que el horror como tal se va desenvolviendo lentamente, como una vela que se consume en plena vista, pero eso sí, la incomodidad se siente desde que la primera imagen aparece en la pantalla.

La historia es la de dos hombres, Ephraim Winslow (Robert Pattinson) y Thomas Wake (Willem Dafoe), obligados a pasar un mes juntos atendiendo un faro en una pequeña isla en Nueva Inglaterra. Apenas pone pie en su nuevo lugar de trabajo y Winsolw se da cuenta de que la convivencia con su nuevo compañero va a ser complicada, empezando por la idea de tener que compartir con él recámara, cena y silencios incómodos. Lo que al principio bien podría ser una película de dos roommates del Siglo 19 acostumbrándose a vivir juntos, lentamente se va volviendo en una pieza del mismo horror (este un poco más psicológico) que nos hipnotizó viendo La Bruja.

El Faro no es una película de horror corporal, pero sí es una película sobre los horrores del cuerpo y, más específicamente, de los cuerpos obligados a convivir en claustro. Filmada en blanco y negro y con una relación de aspecto a 1.19:1, el cinematógrafo Jarin Blaschke logra capturar esa sensación de encierro y de claustrofobia a la perfección, empujando a los dos protagonistas uno contra otro por más que cada uno desee su propio espacio, su propia distancia, en un cuadro tan saturado de sombras que también se percibe como si algo más oscuro que ellos mismos fuera acercándose más y más.

Robert Pattinson y Willem Dafoe ofrecen nada menos que una clase de actuación con sus respectivos Winsolw y Wake, uno un joven taciturno aprendiz del oficio, y el otro un viejo y curtido lobo de mar, diseñados por la obra de Dios para ser repelentes sistemáticos entre sí; donde uno quiere silencio y paz, el otro no para de contar anécdotas y de dejar escapar cada ruido existente de su cuerpo. La audiencia sabe desde su primer momento juntos que solo es cuestión de tiempo para que las cosas se salgan de control, pero ¿quién va a ser el que suelte el primer golpe? cuando ambas presencias son parejas en repulsión.

Aunque abiertamente inspirada en The Light-House, obra incompleta de Edgar Allan Poe, Eggers logra hacer de su película algo completamente suyo, una obra extraída directamente de sus entrañas como realizador y puesta a la vista de todos, como una exposición de lo grotesco, sin reservas ni modestia alguna, y eso es algo que se agradece especialmente en quienes se atreven a hacer cine de horror y cine psicológico, dos de los géneros irónicamente más satanizados; pero al igual que pasa con Ari Aster, Eggers ha salido victorioso una vez y la siguiente y con El Faro logra consolidarse como uno de los directores más seductores trabajando hoy.

 

 

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