Producción: El Proyecto Florida
Dirección: Sean Baker
Año: 2017
Plataforma: Cartelera

 

En 5 líneas esta película:

Es un película cruda con mirada inocente

Tiene buenas actuaciones

Tiene buena fotografía

Habla sobre la marginación en Norteamérica

Es un poco condescendiente

 

   

 

El Proyecto Florida es un nombre clave que tenían las instalaciones de Walt Disney World en Orlando, Florida, cuando esta estaba en planeación. Aquel paradisíaco resort significaba la cúspide del éxito empresarial de Walt Disney Co., lo cual, en teoría, significaría más turismo e ingresos a las zonas aledañas.

Así es como se han pensando los grandes centros turísticos: parques temáticos, playas exóticas, pueblos mágicos, etcétera, pero Sean Baker nos demuestra otra realidad en su nueva cinta, que lleva por título el mismo nombre que otrora la casa de Mickey Mouse. En ella seguimos la historia de un motel casi residencial en Kissimmee, a la afueras de Orlando, donde habitan las clases más bajas de Norteamérica. Ahí conocemos a tres niños que pasan sus días jugando en las calles, en los terrenos abandónanos y en los lagos, mientras la miseria, la pobreza y las adicciones los rodean.

Sitios como Oklahoma (en American Honey, Arnold, 2016), Atlanta (en Atlanta, Glover, 2016) o el mismo Florida (en Brooklyn 99), han sido señalados como lugares marginados, de poco acceso a la educación y grandes problemas sociales. El Proyecto Florida  (2017) recoge esa perspectiva social y la muestra mediante la mirada de los infantes, inocentes y desprotegidos que ignoran la peripecias del mundo adulto y viven un mundo de ensueño, donde todo puede ser Disney World.

Ese contraste poco usual en el cine (la mirada infantil) es lo que hace a esta película tan relevante, pues nos muestra los bajos fondos de Norteamérica, pintados de tonos de lavanda chicle que más bien parecen salidos de las fantasías excéntricas de Wes AndersonSean Baker nos acerca a un retrato crudo de la clase marginada gringa, hablándolo desde la mirada de los que quizá sean las mayores víctimas. Los pequeños viven una ilusión sin saber que en el futuro los espera un mundo desolador; pasan sus días ignorando el mundo de los adultos, mientras que estos –sus padres, abuelos o simples adultos con conciencia– procuran su inocencia como la esperanza en el futuro.

Así, Baker parece hacer a un lado una crítica a la hipocresía de los centros turísticos, de los gobiernos que ignoran problemas sociales o turistas desentendidos. Por otro, nos regala una mirada inocente, sensible y hasta traviesa, al apabullante mundo que nos rodea.

 

 

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