PRODUCCIÓN: LA REGIÓN SALVAJE
DIRECCIÓN: AMAT ESCALANTE 
AÑO: 2016
PLATAFORMA: CARTELERA

 

EN 5 LÍNEAS ESTA PELÍCULA

Es de ciencia ficción, drama y suspenso

Retrata los problemas cotidianos de la sociedad mexicana

Tiene imágenes y atmósferas impactantes

Tiene tintes surrealistas

Es una provocación a algunos sectores de la sociedad

 

       

 

La Región Salvaje  es el cuarto largometraje del cineasta guanajuatense Amat Escalante, ganador de la categoría Una Cierta Mirada del Festival de Cannes en 2006 por Sangre, del premio a Mejor Director, también en Cannes, en 2013 por Heli y del Oso de Plata al mejor director en el Festival de Venecia por la cinta que hoy nos atañe. Luego de presentarse en diversos festivales en el país y el mundo, por fin llega a salas mexicanas una de las cintas más interesantes y auténticas de la filmografía nacional.

Escalante es conocido por un estilo visceral y directo, pero a la vez contemplativo y analítico de la realidad mexicana, donde expone los temas, desafortunadamente, más comunes: el crimen organizado, el abuso del poder, el tabú frente al sexo en la regiones conservadoras del país, el machismo y la homofobia. La escena de la ejecución en primer plano, donde a un hombre le queman el pene en Heli, sigue dando de qué hablar.

En La Región Salvaje, el director hace un salto abismal de su narrativa usual para presentar algo salido de una pesadilla vívida y abrumadora. En ella, la vida de cuatro personas se verá sacudida abruptamente por dos fenómenos, por un lado está una criatura alienígena con apariencia de calamar y por otro un triángulo amoroso entre una pareja de casados y el hermano homosexual de la esposa. La historia inicia con Vero (Simone Bucio), quien es herida por la criatura. Esta criatura llegó al planeta en un meteorito y aparentemente tiene el poder de satisfacer sexualmente a cualquier ser humano de su elección, pero se torna violenta cuando se harta de dicha persona. Vero decide ir al hospital, donde conoce a Fabián (Eden Villavicencio), quien es enfermero y es el hermano homosexual de Ale (Ruth Ramos). Fabián mantiene una relación carnal con Ángel (Jesús Meza), el borracho y homofóbico esposo de Ale. El triángulo sexual en el que se encuentra Ale le empieza a ser evidente, a la vez que Vero la empieza a reclutar para visitar a la criatura. Y así, lentamente, con un argumento sacado de un alucinógeno y pervertido sueño, Escalante echa a andar una historia que se transforma en una metáfora fantástica que dice mucho más de la naturaleza humana que lo que uno puede percibir en una primera lectura.

El juego de ciencia ficción, terror y fantasía comienza a romper el estilo anterior del autor (porque eso es Escalante, un autor hecho y derecho), que siempre recurrió a imágenes verídicas del acontecer nacional, enrarecidas en pantalla al grado de provocar más incomodidad que El Gráfico y otros ejemplos de prensa amarillista. La región salvaje de la que nos habla la cinta no surge del poder libidinoso de la criatura –de quien por cierto no se puede esperar ningún romance, sino violencia y placer unidos como uno solo– sino de los hábitos, costumbres, valores y comportamientos de las personas. ¿Es eso lo que Escalante nos trata decir? ¿Que nuestra naturaleza violenta está fuertemente ligada a algún placer extrasensorial? La liberación de Ale, destinada a una vida doméstica en un pueblo conservador donde el sexo es obligación o costumbre, mas no placer y libertad, la llevan a encontrarse con la criatura en una escena digna de la fotografía de Nobuyoshi Araki (influencia declarada del director) y se hace notorio el carácter surrealista de la cinta.

Escalante hace uso de un elemento externo –que ha aparecido en cintas de culto como Posesión (Zulawski, 1982), la saga de Alien o en el primer cine de Cronenberg– para representar una dualidad conocida y aún irresoluble, transportada al cotidiano mexicano donde a cada cuadro la misma película se vuele un violento placer visual (con atmósferas de Manuel Alberto Claro, director de fotografía de la Melancolía de Von Trier).

Es esa naturaleza surrealista, que también existe en nuestra gente –ya lo decía Dalí–, metafórica, violenta, ecléctica y hermosa, lo que bien hace a esta cinta la mejor de la carrera de Escalante, y una de las mejores del cine mexicano contemporáneo, donde la apuesta al absurdo es llevada por una visión simple pero estridente.

 

 

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