Producción: Gauguin: Viaje a Tahiti (Gauguin: Voyage de Tahiti)
Director: Edouard Deluc
Año: 2017
Plataforma: Tour de Cine Francés

 

En 5 líneas esta película:

Cuenta un período en la vida del pintor Paul Gauguin

Aborda los tormentos del artista en medio de una etapa productiva de su vida

Retrata la figura del pintor de manera cruda y visceral

Tiene una interpretación protagónica fabulosa

Cae en la redundancia, tornándose un poco lenta

 

  

 

Vincent Casell adopta el papel de uno de los pintores pilares del posimpresionismo, Paul Gauguin, en una de las etapas más prolíficas de su trayectoria, aunque también ensombrecida por la miseria y la enfermedad: su primera estancia en la Polinesia Francesa, en la última década del siglo XIX.

La película biográfica, coescrita y dirigida por Edouard Deluc, aborda la separación de Gauguin de su familia, amigos y en general, de una existencia marcada por la insatisfacción y la zozobra económica en París, con la esperanza de encontrar una chispa que ayude a potenciar su creatividad, tomando una oportunidad para viajar al Pacífico e instalarse en la isla de Tahití. Después de afrontar y superar el choque cultural, e pintor inicia un periodo de trabajo constante y obsesivo que ayudaría a cimentar su legado histórico, potenciado por su relación con Tehura, una chica polinesa a la cual toma como esposa y funge de musa durante gran parte de su estancia.

A pesar de este renacimiento en la trayectoria de Gauguin, su existencia en tierras tropicales es cuanto menos, complicada. El estado de salud del pintor decae con rapidez, sus problemas económicos no hacen más que agravarse, y su relación con Tehura (Tuheï Adams) se va desgastando progresivamente, en gran parte, por los mismos demonios que persiguen al francés, incapaz de hacerse una vida por medio de su arte, al punto de tener que trabajar como estibador para sobrevivir, a pesar de su precaria salud.

Dulec se dispone a retratar un periodo lleno de contrastes en la vida de Gauguin de manera visceral, al punto de inclinarse hacia el terreno de la tragedia. Su acercamiento, a pesar de contar con un halo de belleza constante gracias al buen uso de los escenarios naturales, esconde un grado de crudeza que se va revelando conforme el estado de salud y emocional del pintor decae. Eso sí, el director evita abordar en el hecho de que Tehura fue tomada siendo menor de edad, lo cual en nuestro inquisidor presente, llevaría a la película a un punto de polémica en el cual Dulce prefiere no involucrarse.

La interpretación de Casell es brutal, su transformación física y presencia escénica transmiten con fuerza el sufrimiento de un artista que cargó durante toda su vida la cruz de la miseria, y que solo después de su muerte obtendría el reconocimiento por su obra, al igual que otro pintor con el que llegó a tener una explosiva y tormentosa relación, Vincent Van Gogh.

Dicho esto, hay que observar que se nos muestra una visión del protagonista con la cual es difícil conectar, pues a pesar de ser testigos de su talento y pasión por el arte, el director termina por enfocar su atención en su relación con Tehura y una derivada espiral de celos, infidelidad y conflictos de creencias, muy por encima de una exploración más esmerada sobre la técnica, los ideales, motivaciones y procesos artísticos del influyente pintor, que nos ayudara a conocerlo más y al final del día, analizarlo mejor.

Este desbalance provoca redundancias y lentitud en el progreso de la historia. Al final, queda más la impresión de un tipo sin muchas cualidades redimibles y demasiado absorto en sí mismo. Si Dulec recurre a una perspectiva cruda como una sutil metáfora sobre la posición de Gauguin como colonizador en tierras ocupadas, adoptando el estilo intenso del pintor como un cristal por el cual interpretar a sus actos, es una maniobra no carente de astucia, pero que le resta complejidad a un retrato que por el simple hecho de contar con el protagónico de Vincent Casell, vale la pena un vistazo.

 

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