Producción: Darkest Hour
Director: Joe Wright
Año: 2018
Plataforma: Comercial

 

En 5 líneas esta película:

Aborda el rol de Winston Churchill durante inicios de la II Guerra Mundial

Es un drama clásicamente británico

Cuenta con un diseño de producción pulido

Su mayor virtud está en la labor de su intérprete principal

No escapa de las convenciones del género

 

  

 

Joe Wright hace un nuevo recorrido a los inicios de la II Guerra Mundial, en los cuales la soberanía británica se encontraba en jaque ante el asedio de las fuerzas alemanas, que avanzaban con rapidez y sin encontrar resistencia. Este momento crucial en la historia británica reciente también fue la plataforma sobre la que el Primer Ministro Winston Churchill comenzaría a labrar su legado como líder bélico, talentoso orador y controvertido estratega.

La mirada romántica de Wright, lejos de meterse en polémicas y sin complicarse la existencia, ofrece una nueva semblanza carente de relevancia desde un punto de vista histórico, debido a su apego al panfleto oficial. Los discursos, los insultos fulminantes, la bebida y los puros, la V de victoria… no estamos más que ante otra celebración refinada del carácter orgulloso y espíritu imbatible del pueblo británico, encarnado en uno de sus modelos predilectos: Churchill. 
El director londinense se apega a lo reconocido y divulgado, partiendo la narración en pasajes cronológicos que resaltan los momentos clave dentro de la crisis, enfocado por completo en el sentir de su protagonista, asediado tanto por el enemigo extranjero como por opositores dentro del parlamento y la realeza, y cuyo mayor dilema a enfrentar está en la decisión de enfrentarse en combate a un enemigo superior en todos los aspectos o rendirse ante Hitler para salvar la mayor cantidad de vidas posible.

La estructura se percibe esquemática, y lo es; la inclusión de Lily James como la secretaria personal de Winston, Elizabeth Layton, intenta darle una nueva dimensión a los hechos, como representante del ciudadano común (y del espectador) en medio de una situación extraordinaria y exclusiva, aunque su participación tiene más tintes melodramáticos que otra cosa.

El resto del elenco, aunque correcto, solo sirve de escalón para el ascenso y lucimiento de su imbatible protagonista, interpretado por el inmenso Gary Oldman (apoyado en un espléndido trabajo de maquillaje), la auténtica estrella del show. Por absurdo que parezca, este año el actor podría llevarse por primera vez el reconocimiento de la Academia, lo cual es irrelevante a esta alturas, pues Gary ya ha escrito historia como uno de los grandes intérpretes de nuestro tiempo. Todo el peso de la película está en sus hombros, y al igual que su personaje cargando la loza de un país, el protagonista aborda su responsabilidad con seguridad y personalidad.

Es este salto de calidad que proporciona Oldman, más el oficio de Wright para el melodrama, los elementos que salvan a Las Horas Más Oscuras de la indiferencia, pues aunque no cuenta nada nuevo ni asume riesgos, se disfruta, dejando un buen sabor de boca, aunque efímero, lo cual no debería sorprendernos de una película explícitamente hecha para hacer ruido durante la temporada de premios. Es el precio de la búsqueda de la grandeza basada en la transparente réplica de previas fórmulas.

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