Producción: Las Niñas Bien
Dirección: Alejandra Márquez Abella
Año: 2019
Plataforma: Cartelera

 

En 5 líneas esta película:

Es una crítica a la clase altas mexicana

Es de drama sin ser melodramática

Tiene toques de humor negro

Tiene un buen elenco

Está basada en una columna de Guadalupe Loaeza

 

   

 

A principios de los años ochenta la sociedad mexicana atravesaba un debacle económico, político y social que formaba parte de una serie de grandes cambios a nivel mundial. En aquel entonces el presidente José López Portillo acuñó la frase “defenderé al peso como perro” poco antes de un alza en el precio del dólar, que trajo consigo una crisis económica que afectó a todas las clases sociales. En ese contexto la periodista y escritora Guadalupe Loaeza escribió una serie de columnas donde criticaba y reflexionaba en torno a las mujeres de élite, siendo ella misma parte de esa esfera social. Los textos publicados en el periódico Uno Más Uno se recopilaron bajo la editorial Océano con el título Las Niñas Bien, como se les llamaba coloquialmente.

Ahora, la directora y guionista Alejandra Márquez Abella adapta los personajes en su segundo largometraje, homónimo a la publicación, protagonizado por Ilse Salas, Paulina Gaitán, Cassandra Ciangherotti, Johanna Murillo y Flavio Medina.

Acá las características estilísticas separan un tanto el tono libro de la cinta, pues mientras el primero es regido por la sátira y la comedia, la segunda opera más como un drama, ambientado en los ochenta pero que bien hace eco en pleno 2019.

Desde los ojos de Sofía entramos a un mundo de oropel, diamante y lujo, donde ella es la abeja reina de un circulo exclusivo y ostentoso de amigas, pero conforme avanza la historia, el mundo de apariencias de Sofía se derrumba gracias a la crisis. Cuesta abajo, Sofía lucha para mantener su estatus, pero la llegada de Ana Paula, una nueva rica, amenaza su posición como líder y genera una enemistad pasivo-agresiva. A la cineasta, al igual que a la escritora, le importa mostrar la falsedad e hipocresía de las clases acomodadas mexicanas, pero también sus trampas, bajo las cuales estas mujeres, aún ostentando el poder económico, poco control llegan a tener sobre sus vidas.

Bajo una narrativa que por momentos resulta contenida, la cinta encuentra salidas discretas, encuentros incómodos y demás sutilezas que enuncian los esfuerzos de Sofía por no mostrar su desgracia y la de los demás por juzgar en silencio. Un discurso que fácilmente podría caer en las frivolidades y estereotipos de las comedias ligeras del cine mexicano es rescatado por la también directora de Semana Santa (2015) como una mezcla extraña entre una historia a lo Chicas Pesadas (Waters, 2004) —contada desde la perspectiva de Regina George aka Sofía— y las desgracias de mujeres otrora adineradas como Las Herederas (Martinessi, 2018).

Esta es una historia que resuena en los tiempos modernos en los que el mundo virtual, por ejemplo, es también un ejercicio de control de imagen, de estatus y de discursos, donde las apariencias también engañan.

 

 

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