La 60 ceremonia de los premios Ariel fue peculiar pero no por las razones esperadas. Desde poco antes de las seis de la tarde, vimos a los nominados y presentadores en ostentosos vestidos y elegantes trajes llegar a la alfombra roja. Ludwika Paleta, Miguel Rodarte, Arcelia Ramírez, Tenoch Huerta, Karina Gidi, Noé Hernández, Queta Lavat, Toni Kuhn, Camila Sodi, Emiliano Zurita y Blanca Guerra fueron algunos de los que se detuvieron a posar para las cámaras y dar entrevistas.

Lo curioso es que algunos de los presentes portaban en sus formales atuendos un distintivo en común: un pin, una pulsera o incluso hasta una playera con la leyenda “No son tres, somos todos” desfilaban también hacia la entrada del Palacio de Bellas Artes en referencia a la desaparición y asesinato de los tres estudiantes de cine en Jalisco el pasado marzo, justo el día que se hacían públicas la nominaciones.

“El mismo día que supimos lo de los tres chavos, fue el mismo día que se anunciaron en los medios las nominaciones al Ariel. Entonces, inmediatamente, Issa López empezó a hablarnos a todos los nominados; me habló y me dijo “hay que hacer algo, que no se quede nomás en un estamos encabronados’”, dijo Sebastián Hofmann, quien portaba una playera con la frase durante la alfombra roja.

Por su parte, la directora de Vuelven (2017), Issa López, comentó que “tenemos tres hermanos de la comunidad cinematográfica que no van a poder estar aquí, porque estaban en el lugar equivocado. Entonces decidimos traerlos porque no vamos a olvidar y vamos a levantar la voz”. A esta protesta-homenaje se unieron también el posterior ganador del Ariel a mejor película Ernesto Contreras, la actriz Cassandra Ciangherotti, el joven actor Hoze Meléndez, la ganadora a mejor revelación femenina Ana Valeria Becerril y Andrés Almeida, entre otros.

Por primera vez en los setenta y un años que existe la ceremonia se guardó un minuto de silencio. Lo descrito por La Libertad del Diablo (Gonzalez, 2017) se siente cada vez más cerca, donde la violencia en México alcanzó a Jesús Daniel García Díaz, Marco Francisco García Ávalos y Javier Salomón Aceves Gastelum, los estudiantes de la Universidad de Medios Audiovisuales.

Al inicio de la ceremonia, el experimentado actor Héctor Bonilla comentó en su discurso inaugural que “el cine mexicano se une a la sociedad para poner un hasta aquí a esta época siniestra, tenemos ejemplos de lo que se ha hecho históricamente, está latente el espíritu de lucha para que el cine mexicano sea el adalid de la protesta por lo que está pasando”. A lo largo de la noche se escucharon discursos que pedían cuentas a las autoridades, entre los que destaca el de Lucía Bello, Mónica Ruiz e Ignacio Rosas Landa, antiguos compañeros de los estudiantes desaparecidos. “Es un dolor desbordante producido por una guerra declarada desde nuestras instituciones pero cuyos funcionarios juegan en bandos indefinidos”, dijeron.

De igual manera, Ernesto Contreras, director de Sueño en Otro Idioma y presidente de la Academia Mexicana de las Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), mencionó la difícil situación del país: “No se puede salir a filmar con miedo. Exigimos que el Estado sea garante de la seguridad de todos los mexicanos”. La ironía de Everardo González, quien ganó el Ariel a mejor largometraje documental al retratar la problemática de la que hoy se protesta, resulta a su vez un trabajo necesario aunque en el fondo no quisiéramos que lo fuera. “No podemos olvidar lo que vivimos. Muchos llegaron tarde porque había padres que reclamaban por la vida de sus hijos”, mencionó González al recibir su premio.

La triste reflexión de todo esto la plantea el mismo documental de Everardo, cuando una voz en off narra cómo un grupo de, presumiblemente, sicarios asesinan de la manera más brutal posible a otra persona, “no entiendo cómo puedo compartir la humanidad con ese grupo, no me siento parte de él”, explica la voz. Lo peor de todo es que a fin de cuentas “seguimos siendo de la misma especie”.

 

 

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