Película:  Nace Una Estrella (A Star is Born)
Dirección: Bradley Copper
Año: 2018
Plataforma: Cartelera

 

En 5 líneas esta película:

Es un drama

Cuenta con una buena banda sonora

Se sostiene por el carisma de sus protagónicos

Tiene algunas fallas que son rescatados gracias a la narración

Es el tercer re-make de la película

 

  

 

¿Alguna vez has escuchado el término pigmalión? Pues este nace a partir del mito del poeta romano Ovidio, dentro de su libro Las Metamorfosis. El mito, a grandes rasgos, cuenta cómo un escultor se enamora de su obra. Una escultura de mujer cuya elaboración era tan perfecta y bella que el creador llegó a tratarla como un ser humano. Al ver esto, la diosa Afrodita interviene para hacer que la obra cobrase vida. En la realidad, el concepto de pigmalión se utiliza para denominar a una persona que, desde el punto de vista cultural o social, da los conocimientos y herramientas necesarios a alguien más, haciéndolo así una suerte de discípulo y modelando, de cierto modo, su comportamiento y vida para bien o para mal. 

Pigmalión es utilizado como alegoría y punto de partida para inspirar desde teatro hasta cine. Nace Una Estrella, debut como director del actor Bradley Cooper, es el tercer remake de esta historia, y antes que esta iteración vimos la de 1954, dirigida por George Cukor y protagonizada por Judy Garland; y la del 1976, de Frank Pierson con Barbra Streisand. De ésta última es de donde Cooper toma inspiración para esta nueva versión que protagoniza la cantante Lady Gaga. 

La carrera de un consagrado cantante de country (Cooper) está en declive, su audición disminuye y su alcoholismo se eleva. Después de un concierto, Jackson va de copas a un bar gay. Ahí, por recomendación de un cliente, se queda a ver la actuación de Ally, una mesera que algún día quisiera ser cantante. Ally sorprende a todos con su versión cabaret de La Vie en Rose. Jackson y Ally empiezan a salir y, como el mito de Ovidio, el creador se enamora de su obra, pues el famoso músico ayuda a la entonces mesera a sobresalir en el difícil mundo de la música, donde actualmente poco se valora el contenido y otro menos la presencia femenina.

La mancuerna Copper-Gaga logra, cada quien por su parte, salir de su zona de confort y paralelamente combinar las áreas donde los conocemos normalmente. Gaga siempre ha dicho que quería ser actriz, y sus apariciones en pantalla han sido pocas y en algunos casos pequeñas. También vemos a una Gaga más natural, sin tanta producción y, paradójicamente, interpretando el papel de la chica que quiere cantar y que tiene talento para hacerlo más no la oportunidad; del lado de Copper, su faceta musical, como compositor y cantante. Ambos componen la banda sonora completamente original, cuyas canciones fueron en su mayoría interpretadas en directo para añadirle intensión.

El reparto, además de Copper y Gaga, está conformado por Sam Elliot, icono del cine western, quien tiene que salvar el pellejo de Jackson cada que éste se sale de control. Hay que decirlo, a veces, las cerca de dos horas de duración tienden a ser predecibles y melodramáticas, pero la música y las actuaciones hacen que estos pequeños detalles pasen, de alguna manera, desapercibidos. Nos centramos en el amor entre el creador y su obra, uno siempre incondicional y honesto. Con ello, el resultado de la opera primera de Bradley Cooper y el debut cinematográfico de Lady Gaga en el cine plantea dos cosas: ¿qué tanto estás dispuesto a perder de ti mismo en pos de un fin? y ¿de verdad la novedad está aniquilando a los clásicos?

 

 

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