Película: Nunca Estarás a Salvo (You Were Never Really Here)
Dirección: Lynne Ramsey
Año: 2018
Plataforma: Cartelera

 

En 5 líneas esta película:

Es de suspenso con algo de violencia

El diseño sonoro y el montaje son espectaculares

Es un thriller con bastante peso psicológico

Joaquin Phoenix tiene una impresionante actuación

Inevitablemente recuerda a Travis Bickle, protagonista de Taxi Driver

 

  

 

Tuvieron que pasar siete años para que llegará el cuarto largometraje de la escocesa Lynne Ramsey, quien a pesar de su corta filmografía en una carrera de alrededor de dos décadas ha sabido establecer una postura respecto a personajes traumatizados. Después de ese tratado psicológico sobre la violencia en un adolescente, We Need to Talk About Kevin (2011), Ramsey sigue en la misma línea con esta historia basada en una novela de Jonathan Ames acerca de un asesino a sueldo que sufre de un severo estrés postraumático.

Lo primero que vemos en la película es un acelerado montaje de un hombre ahogándose con una bolsa, un niño contando y unas manos recogiendo objetos en una habitación. Pronto nos damos cuenta que se tratan de insertos mezclados con el resultado de un terrible acto. Los insertos serán frecuentes a lo largo de la historia, como si fueran recuerdos que llegan sin previo aviso a la cabeza de alguien… Ese alguien es Joe (Joaquin Phoenix), un flemático pero brutal hombre que se gana la vida como una especie de asesino a sueldo, con una espesa barba y una tremenda corpulencia que pareciera impiden el más mínimo asome de sus emociones.

El contexto de Joe está ligeramente esbozado a través de los mencionados insertos: probablemente fue militar, policía y sufrió una infancia traumática que lo orilló a autosometerse a la retorcida terapia de ahogarse a sí mismo con una bolsa, tal y como si se tratara de su medicina. Su experiencia laboral no va más allá de la violencia, su empleador es un detective privado que le asigna casos donde la ética no está presente. Un día se le contrata para rescatar de una red de tráfico sexual a la hija adolescente de un senador. Como profesional que es, hace investigación de campo y reúne todo lo necesario para el trabajo: renta un auto, compra algunos refrescos para después del rescate, visita a su dealer para conseguir algo de motivación y acude a una ferretería por las herramientas necesarias, entre las cuales destaca su arma favorita: un martillo.

El trabajo no sale como Joe espera y a pesar de su basta experiencia y la perfecta ejecución de sus métodos, todo se complica cuando se da cuenta que está en medio de algo más que una mafia sexual, desembocando en una matazón que incluye a la única persona cercana a él. Nunca Estarás a Salvo tiene evidentes ecos a Taxi Driver (Scorsese, 1976) por el traumatizado y solitario protagonista que encuentra en la violencia su única redención. De igual manera, Joaquin Phoenix recuerda al mítico personaje de Lee Marvin en Point Blank (Boorman, 1967), también por la soledad, la sed de venganza y lo letal que puede llegar a ser.

En aquella cinta de Boorman el montaje y diseño sonoro tenían un gran peso, Ramsey estructura su película de forma similar. Además de los continuos insertos, la banda sonora compuesta por el músico de cabecera de Paul Thomas Anderson, Jonny Greenwood, aporta la adrenalina de la tensión e intensidad de cada escena. Igualmente, el montaje nos hace sumergirnos más en un thriller psicológico que en una cinta de acción, como en un principio se esperaría. El personaje de Phoenix no podría ser más protagonista, no solo seguimos la historia desde su punto de vista, básicamente estamos dentro de su cabeza viendo como sus recuerdos llegan a destellos y entendiendo la densidad de sus emociones que provocan una oleada de imágenes confusas en él… y nosotros.

 

 

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