Producción: Piripkura
Director: Bruno JorgeMariana OlivaRenata Terra
Año: 2017
Plataforma: Ambulante

 

En 5 líneas este documental:

Trata sobre los tres últimos sobrevivientes de una tribu

Tiene un poderoso mensaje sobre la modernidad

Es de cadencia lenta

Es una mirada única sobre su tema

Es de relatos fuertes

 

   

 

Recientemente se estrenó en salas Lost City of Z, cinta que relata la historia de Percy Fawcett, un miembro de la Real Sociedad de Geografía del Reino Unido que en 1905 emprendía los primeros viajes al amazonas. Durante sus viajes se obsesiona con una civilización perdida y una ubicación a la que él llama Ciudad Perdida Z. El final de Fawcett es trágico y la historia se lamenta sobre la muerte de un hombre blanco que fue tragado por la selva y cuyo cadaver, y el de su hijo, nunca fueron recuperados. Durante alguna porción de la historia, el personaje expone algunos valores nobles sobre la exploración y llevar la modernidad y la civilización a quienes no la tienen.

Ciento diez años después, la historia de Percy Fawcett ha tenido una evolución que se asemeja más a Un Mundo Feliz de Aldous Huxley que a cualquier relato de la industria anglosajona.

Piripkura nos lleva de acompañantes a la misión de Jair Candor, un funcionario del FUNAI, la agencia brasileña encargada de la relación con los indígenas. Jair va en busca de dos de los últimos tres integrantes de la tribu que habita la región de Piripkura. La labor de Jair es de suma importancia, ya que de no encontrarlos, la región dejaría de tener el carácter de protegida y podría ser abierta a la explotación.

La travesía de Jair por momentos se asemeja mucho a la de Percy Fawcett, ya que tiene que encontrar a dos aborígenes que rondan una enorme porción de tierra; no obstante como dice él: “Siempre tenemos suerte.” En el proceso, Jair nos explica que la deforestación rapaz del amazonas no solo tiene consecuencias funestas para el medio ambiente, sino también ha sido una razón del genocidio de las tribus indígenas. La industria maderera del amazonas tenía la práctica de contratar mercenarios encargados de matar a cuanto indio se cruzaran de frente, con la finalidad de limpiar la zona de indígenas y abrir la tierra a la explotación.

El relato es estremecedor en varios sentidos. Para empezar, la sangre fría que hay que tener para cometer genocidio a cambio de la explotación de la tierra. Por otro lado, es simplista decir que esto es un problema del capitalismo, ya que estas empresas operan más como delincuencia organizada que otra cosa. Pero también, el documental nos invita a reflexionar sobre qué significa la vida para nosotros los civilizados, que dormimos en microclimas controlados y comemos plástico, pero al mismo tiempo hemos dejado en el camino a algunos de nuestra misma especie; pareciera que aquellos que no tienen el honor de cargar un smartphone automáticamente bajan un escalón evolutivo, y se convierten en un accesorio más de nosotros los modernos.

Esta conducta rapaz, ¿son los residuos de un pasado carnal? ¿o son aquellos rincones oscuros que siempre llevaremos dentro?

 

 

 

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