Producción: King Arthur: The Legend of Excalibur (El Rey Arturo)
Director: Guy Ritchie
Año: 2017
Plataforma: Cartelera

 

En 5 líneas esta película:

Un relato arturiano más

Es una interpretación original sobre el mito

El toque característico del director no aplica del todo

Es más fantasiosa que otras adaptaciones

Es una especie de “Vikingos” hipster

 

 

 

Una discusión constante entre historiadores es el cómo se estudia el pasado. Por ejemplo: cuando cayó Tenochtitlán, el aparataje español se encargó de eliminar todo vestigio de la capital del Imperio Mexica. Lo que conocemos de la sociedad Mexica se lo debemos a cronistas como Fray Bernardino de Sahagún y a su obra; sin embargo, esta es una interpretación del pasado. Se preguntará el lector ¿qué tiene que ver todo esto con una película sobre el mito fundacional inglés? Básicamente porque El Rey Arturo se trata de una interpretación más del mito de Arturo Pendragón, en esta ocasión contada por el bribón de Londres (en realidad es de Herefordshire), Guy Ritchie.

Arturo (Charlie Hunnam, detalle irónico pues según un de los factores determinantes para dedicarse a la actuación fue la cinta Excalibur, 1981) creció en un burdel del puerto Londinium, y conforme fue creciendo adquirió una suerte de alma protectora tanto con las prostitutas como con sus similares en la calle. Durante esos años el poder del Rey Vortigern (Jude Law) creció lentamente gracias a un pacto con fuerzas oscuras. Un buen día, las aguas de un canal de Camelot se retraen y del fondo surge una piedra con una espada que nadie puede sacar. Todo hombre es requerido para sacar esa espada por mandato real pues esa espada es Excalibur y dictará el futuro del reino.

El mito arturiano ha sido retomado por todos los frentes del entretenimiento contemporáneo, puesto que su épica no solo es entretenida, también habla de las bases históricas de una nación. Una de las primeras fue la de Mark Twain, Un Yanqui de Connecticut en la Corte del Rey Arturo. Con la llegada del cine vendrían otras versiones; es más, Disney hizo su propia adaptación de este relato. Hasta Martin Lawrence hizo una adaptación del texto de Twain (una adaptación de la interpretación, pues). Y no solo de Twain hay interpretaciones; las hay series, animaciones y hasta videojuegos y obras teatrales (drama y musicales). Una de las más recientes, dirigida por Antoine Fuqua (King Arthur, 2004) propone que el Rey Arturo (Clive Owen) era un militar romano encargado de defender el famoso Muro de Adriano de las invasiones bárbaras. Contexto histórico tiene un poco.

La versión de Ritchie no es necesariamente histórica. Es una interpretación fantástica donde el relato nos lleva, de nueva cuenta, a una de las obsesiones del director: Londres (Londinium no tiene nada qué hacer en la historia real del Rey Arturo pero de nuevo, recordemos, se trata de una interpretación). Hay presencia de magia y hechiceros, criaturas mitológicas, profecías, espadas con poderes mágicos, aunque es esta ocasión no está Merlín, personaje esencial para el mito, pero hay una maga (Astrid Bergès-Frisbey) que lo hace, literal, fantástico.

La puesta en escena de Ritchie no dista de lo hecho en sus películas anteriores: diálogos confusos y ágiles que exigen atención, flash forwards, emplazamientos de cámara vistosos, una paleta de color consistente con la historia y un relato in crescendo en términos de arcos narrativos con un poco de coherencia. ¿Cuál es su principal defecto? Ser una película, aparentemente, muy personal para el director, y por ende, el estilo que nos conquistó en Snatch está impreso por toda la pantalla, y no parece ser el mejor lente para una nueva adaptación de la leyenda de Excalibur. El atroz cameo de David Beckham parece resumir el espíritu de esta película: mucho ruido y pocas nueces. Para el que disfrute de las nueces aquí hay vasto y todas relamidas con gel para cabello.

 

 

add_filter( 'the_title', 'max_title_length');