Producción: Rogue One: A Star Wars Story
Director: Gareth Edwards
Año: 2016
Plataforma: Cartelera

 

En 5 líneas esta película:

Es un spin-off de la saga Star Wars

Alude a la nostalgia de las películas originales

Tiene buena acción

Guarda sorpresas e easter eggs para los fans

No viene a romper moldes

 

   

 

Star Wars es sin duda uno de los fenómenos más grandes de la cultura pop. La saga es la madre de los universos cinematográficos (aunque le duela a Marvel, que seguro no, porque los dos son de Disney) y del blockbuster junto a Jaws. Casi 40 años después la franquicia continúa sacudiendo las salas de cine con la llegada de secuelas, precuelas y cuanto artilugio se le ocurre poner en una caja y venderlo como un coleccionable.

Rogue One es el primer spin off para cine, después de varias iteraciones en forma películas animadas y series de televisión. Luego de que el año pasado el Episodio VII dejara opiniones divididas entre los que aseguraban que era una copia del Episodio IV y los que lo veían como un tierno homenaje, Rogue One pasa a recordarnos que más allá de la intertextualidad de sus cintas, las aventuras galácticas vienen hechas del la misma tela pero con diferente corte.

La historia ocurre después del Episodio III y segundos antes del Episodio IV, con la aparición de Jyn Erso, interpretada por Felicity Jones, hija de un científico imperial, interpretado por el repentino blockbusterero Mads Mikkelsen, encargado (obligado) de crear la famosa Estrella de la Muerte. La vida de nuestra heroína da un giro cuando es rescatada por las fuerzas rebeldes y llevada por el Capitán Cassian Andor, interpretado por el seleccionado nacional Diego Luna, a obtener información de Saw Guerrera, su viejo mentor. Jyn descubre que su padre le ha dejado un mensaje con el secreto para destruir la poderosa arma. Ella le lleva la información a las fuerzas rebeldes y reúne a un escuadrón de pobres diablos para que la ayuden a conseguir los planos.

Degustar este spin off es relativamente fácil, su propia naturaleza la hace aprueba de tontos. Los espectadores ya sabemos qué pasa antes de la cinta gracias a las infames precuelas y sabemos qué pasara después gracias a la bendita trilogía original. Fuera de ello, para el director Gareth Edwards todo fue zona segura y pudo tomarse ciertas libertades. Si J.J. Abrams pensó que era buena idea hacer avanzar la historia usando viejos trucos, el tiro le salió por la culata; sin embargo, Edwards no tuvo que preocuparse por nada, más que por mezclar los elementos necesarios para la que podría ser una producción fan fiction con todas las de la ley. En realidad el universo Star Wars no cambió radicalmente por la aparición de esta cinta y sus personajes no serán (tan) explotados como los originales. Pero Rogue One es fresca, es original y es libre de prejuicios. Y ojo aquí con lo de original, ya que también peca de robar viejos trucos y viejas temáticas (como la relación padre/hijo, los asuntos políticos, la influencia de grandes epopeyas), pero en realidad hay poco qué perdonarle y mucho qué agradecerle.

Rogue One nos presenta nuevos personajes, nos trae otros viejos, nos remonta a la trilogía original, a la alianza rebelde, a los personajes caídos en desgracias que no son ni reyes, ni políticos, ni jedis, sino gente común y corriente; nos brinda referencias siempre queridas por los fans y una batalla final comparable con otras grandes. Al final es entretenimiento puro, y recordando el origen blockbusteriano que rondaba en la cabeza de George Lucas en 1977, ¿no el objetivo principal de un hit del verano es entretener? ¿Qué importa que sea una más de las historias de la galaxia muy lejana si es una bien contada?

 

 

 

 

 

 

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