Producción: Sieranevada
Director: Cristi Puiu
Año: 2016
Plataforma: Cartelera Independiente

 

En 5 líneas esta cinta:

Forma parte de una nueva camada de cine rumano

Trata temas delicados de manera crítica

Tiene un montaje interesante

Tiene buenas actuaciones

Su larga duración puede caer pesada

 

   

 

Del cine rumano se ha conocido poco en este lado del mundo, sin embargo, ha tenido un vigorizante papel en el viejo continente, sobre todo en sus festivales más de avanzada. Desde mediados de la década pasada un puñado de nuevos nombres ponían en el mapa de la crítica y el público al nación rumana.

Nombres como Cristi Mungui, Cristi Puiu, Corneliu Porumboiu, Radu Jude Radu Muntean con sus respectivas 4 Meses, 3 Semanas, 2 Días (2007), La Muerte Del Señor Lazarescu (2005), 12:08 Al Este De Bucarest (2008), La Chica Más Feliz Del Mundo (2009) y Un Piso Más Abajo (2015), dieron la vuelta por todo el circuito, cosechando premios que los fueron instaurando en las competencias más importantes, pasando por ejemplo, a ser parte relevante de Una Cierta Mirada en Cannes, una de las preseas más importantes.

Sin embargo es Cristi Puiu es el primero de esta camada en llegar a la grande; la competencia por la Palma de Oro en dicho certamen. Sieranevada sería su carta de presentación y aunque no ganaría la presea, dejaría un buen sabor de boca. En ella, una familia se reúne en la casa de la matriarca, luego de la muerte del patriarca, en una de las celebraciones clásicas del cristianismo ortodoxo de aquella región. O lo que es lo mismo, una reunión familiar en casa de los abuelos luego del duelo. Las reuniones familiares y la revisión por la tradición son un tema recurrente el cine rumano, ya lo habíamos visto recientemente en la muestra de cine rumano que preparó la Cineteca Nacional.

Sieranevada es una obra lenta y compleja, tanto en su montaje como en sus tópicos, pues Puiu no se queda con nada en el tintero y examina de manera incisiva a una muestra ejemplar de familia tradicional. Hay que tener en cuenta que las familias son micro-sociedades y son la primera puerta de cualquier individuo ante el condicionamiento social. De ella aprendemos tradiciones, costumbres, moral y una serie de valores que distinguen al resto de nuestros conciudadanos. Puiu lo sabe y luego de una camino largo durante buena parte de la película, la reunión también será atrasada por distintas peripecias. Entre tanto, la cámara fija con apenas y unos cuantos paneos nos van a mostrar con mirada chismosa una serie de discusiones, sin sabores y encuentros entre los integrantes de este microcosmos.

El relato nos cuenta, en tiempo diegético, alrededor de tres hora de la reunión dentro de las cuales surgirán el dolor por una reciente muerte, las diferencias generacionales, discusiones picantes a favor y en contra del comunismo y monarquismo o sobre la religión, mientras lo teatral de la puesta en escena, lo estático del montaje y lo intenso del drama nos preparan para la cena.

Puiu da la vuelta al costumbrismo y no cierne su obra sobre las bases de lo folklórico, sino que se deja llevar por una serie de reflexiones típicas en la familia y atípicas dentro del cine. Como una revisión pertinente a una buena fracción de la discusión europea sobre la situación contemporánea, que dialoga con otro gran título de un grupo también atípico de hace ya un par de décadas de existencia: Festen (1996) de danés Tomas Vinterberg.

 

 

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