Producción: Suicide Squad
Director: David Ayer
Año: 2016
Plataforma: Cartelera

 

En 5 líneas esta película:

Es parte del universo DC Comics

Tiene una gran Harley Quinn

Utiliza a Batman y al Guasón como accesorios

Su trama es un solo acto

Falla al desarrollar a sus personajes

 

 

 

Suicide Squad es la película más reciente del universo extendido DC Comics, y el más reciente cataclismo en el continuo espacio-tiempo entre fans y crítica. La película volvió a causar la conocida controversia, como si cada grupo no terminara de entender que ni la película pretende ganar la Palma de Oro, ni las madrizas en efectos especiales son suficientes para aclamar una película. La trama es tal anunciada: una oscura agencia gubernamental decide crear un grupo de respuesta contra ataques de meta-humanos. En contra de toda lógica el grupo lo arman con los criminales más peligrosos y poderosos que tienen a su disposición. Y todo el conflicto ocurre derivado de la misma creación de este grupo. No habría trama si el Pentágono en la primera oportunidad que tuvo despide a Amanda Wallers y mata a Enchantress en el instante. Pero aquí estamos contando los centavos y se nos van los pesos.

El verdadero problema con Suicide Squad es que no tiene nada de especial. La avalancha negativa de críticas insiste en pedir una película coherente, con personajes desarrollados y un guion balanceado; pero se lo están pidiendo a una película co-protagonizada por un monigote con cabeza de cocodrilo. Aún descartando esta posible falla de enfoque por parte de la crítica, a aquellos fans que vamos nada más por la animación CGI y la grandilocuencia en pantalla, Suicide Squad nos deja con poco o nada. La trama es raquítica y se resume en ir a matar al malo. La participación del Guasón, Batman y Flash, son reducidas a meros cameos o accesorios. ¿Cuántos relatos no hubo sobre la “locura” de Jared Leto por meterse en personaje? Pues el elenco tuvo qué aguantar todos sus mames por meros 130 segundos en pantalla. Sin todo lo que nos prometieron en el hype de la película, el peso recae en el mismísimo Suicide Squad.

En el grupo de villanos hay poco de donde agarrarse; de varios de ellos no sabemos nada y francamente ni queremos saber. La mayoría del escuadrón son personajes completamente olvidables, y hay solo tres que valen la pena: Deadshot, interpretado por Will Smith, quien es todo homie y willsmithsesco, pero cumple gracias a rasgos de humanidad; El Diablo, interpretado por Jay Hernandez, el personaje más apantallante de todos, pero que según nos cuentan tiene el anhelo de una familia nuclear al estilo sueño americano (no cuadra para una persona con la cara tatuada); y por último la luz en toda esta oscuridad, Margot Robbie y su Harley Quinn. Mas allá del sexismo que por supuesto será foco de protesta, Harley Quinn es un personaje entretenido, fiel al espíritu del cómic, restringido lo suficiente para darle notas un poquito dramáticas y en todo momento bien ajustado por Margot Robbie. La habilidosa actriz es la única que sale ganando en todo esto.

A final de cuentas Suicide Squad hay que verla porque se es fan y dan ganas de ver a un guerrero azteca de fuego en acción (spoiler alert). Pero más allá de las ridículas protestas hacia Rotten Tomatoes, y la viciada destrucción de una película mala entre un océano de películas malas, aquí no hay nada memorable, y se da vuelta a la hoja hacia el siguiente episodio: Wonder Woman.

 

 

 

 

 

 

add_filter( 'the_title', 'max_title_length');