Producción: T2 Trainspotting (La Vida en el Abismo)
Director: Danny Boyle
Año: 2017
Plataforma: Cartelera

 

En 5 líneas esta película:

Es la secuela y homenaje a su antecesora homónima

Regresa el elenco principal de manera exitosa

Es buena comedia y entretiene

Continua con la tradición del buen soundtrack

Depende desproporcionadamente de su predecesora

 

   

 

En la actualidad, las secuelas, precuelas, reboots y todo lo que se le parezca están a la orden del día; nadie escapa de esta tendencia que se ha proliferado en la industria cinematográfica. Su motivación se debe al anhelo natural de recordar algo que en su momento nos impresionó y nos marcó de alguna forma. Ni siquiera los clásicos están exentos: parecía impensable una continuación a la primera trilogía de Star Wars, sin embargo, a finales de este año se estrenará la segunda parte de la nueva saga; así como también la secuela de la precuela (tal cual) de la franquicia Alien. Es justo a este anhelo y nostalgia a la que apela la segunda parte de el clásico moderno Trainspotting.

Al final de la película original, Renton (Ewan McGregor) justifica su traición argumentado tener la oportunidad de abandonar ese “mundo” y así “dejar de ser una mala persona, intentar alcanzar una vida con trabajo, familia, televisión grande, lavadora, auto…” Después de la historia tan frenética que atestiguamos con Renton y sus amigos, era difícil no preguntarse ante ese final abierto cómo era posible desarrollar una vida normal. Y en efecto, en T2 Trainspotting Renton regresa a Edimburgo 20 años después, tras el fracaso de su vida normal. Su esposa lo dejó y él está a punto de perder su empleo por no tener los certificados suficientes; en pocas palabras, regresa como se fue: como un perdedor. Sus antiguos camaradas tampoco han cambiado mucho: Sick boy, ahora llamado por su primer nombre, Simon (Jonny Lee Miller), administra el viejo y poco concurrido bar de su tía, y ha cambiado la heroína por la cocaína; Danny (Ewen Bremner), aka Spud, sigue estancado en la heroína a pesar de ya tener un hijo adolecente, y Francis Begbie (Robert Carlyle) sigue igual de impulsivo y violento, y ha pasado la mayor parte de esta elipsis en prisión.

Trainspotting 2: La Vida en el Abismo (como fue nombrada en México) contiene frecuentes y variadas referencias a la original, ya sea mediante la recreación de tomas, como la famosa secuencia de Renton corriendo al inicio de la historia; diálogos espejo, como la versión contemporánea del icónico monólogo choose life; e incluso imágenes del filme original o visitas a locaciones emblemáticas. Mark regresa a casa anhelando la camaradería de su juventud; sin embargo, tal cosa no existe. “Eres un turista en tu propia memoria”, le dice Sick Boy en algún punto. De manera análoga y seguramente intencional, para bien o para mal esta nostalgia es la que le da pertenencia a esta nueva entrega.

Los 20 años que han pasado contribuyen a crear una historia más cercana a los personajes, y vemos la crisis de los cuatro protagonistas al darse cuenta que se están volviendo viejos sin haber logrado nada en su vida, orillándose al refugio de los recuerdos e intentando recuperar lo verdaderamente importante: su amistad. Sin embargo, están conscientes que su infructuoso pasado les proporcionó su nada promisoria actualidad. Como a manera de superarse, Renton y Simon intentan establecer un negocio con ayuda de un nuevo personaje, Veronika (Anjela Nedyalkova), una prostituta cómplice de las fechorías de Simon y el caballo de troya millennial de la película. Las peripecias que viven en el intento les otorga el verdadero mensaje: lo importante no es rescatar el pasado, sino saber afrontar tu presente (algo que Renton comprende en la infinitud de su habitación). Spud es el mejor ejemplo de esta lucha contra los demonios propios; “solo sé adicto a otra cosa”, le hace ver Renton. Pareciera que los personajes tienen que ser dependientes a algo –y no sólo a las drogas– cada uno encontró una nueva pero destructiva adicción (la cocaína, la violencia, los recuerdos…). Sin embargo, Spud halló su cura preservando compulsivamente sus memorias y de esta forma aceptar su realidad.

En este mismo sentido, la película también es dependiente. Y es que la nostalgia no se limita a los personajes, Boyle y compañía la reciben abierta y sínicamente para ofrecerla a esos que disfrutaron con regocijo el clásico de 1996, entregando así un agradable homenaje pero que sólo trascenderá y vivirá de la mano de la original.

Las psicodélicas secuencias muy al estilo de Danny Boyle le proporcionan a la película ese frenético ritmo que poseía su predecesora, acompañado por un convulso soundtrack con guiños a las ya icónicas melodías, por lo que la película está hecha para disfrutarse. Sin embargo algo es seguro: T2 no es tan poderosa e innovadora como la original, y en ocasiones se siente inconsistente en la historia. Pero, al menos, esta nueva entrega sí es más reflexiva, añejada, y siempre con buenos momentos de humor. T2 respeta a su antecesora y la conmemora, si es en justa medida o no, es decisión de cada quien.

 

 

 

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