Todos hablan de Twin Peaks con el lanzamiento de su tercera temporada y peco de ignorante, lo único que me es familiar es el nombre de Lynch, y este bien podría ser razón suficiente para aventurarse en su angustiosa producción. La calidad de esta serie es sobresaliente: desde los primeros minutos quedamos atrapados en su atmósfera espesa; aquí no hay diálogos para estamparse en playeras, los personajes están rotos y no necesitan gritarlo, cada secuencia es una sacudida, hay algo de placentero en la ansiedad que te provocan. Lynch maneja el suspenso y el misticismo como nadie.

Claramente muchas cosas han sucedido, claramente no es la primera vez que estos personajes se encuentran, se dicen todo con la mirada. ¿Estamos ante las consecuencias de lo que ha sucedido hace veinticinco años?, ¿importa? Seguramente sí. Sin embargo, por ahora verlos en acción con sus hábitos y su naturaleza obsesiva es suficiente.

Después de tres episodios, se plantean varios frentes y un gran número de interrogantes: un asesinato, la búsqueda de algo que parece importante y que de alguna forma está relacionado con el agente Cooper; un extraño sujeto que recibe una caja de palas, y una enorme y misteriosa caja de cristal que es monitoreada por un gran número de cámaras. Lynch hace lo que quiere y lo hace con una enorme maestría, jugando con la temporalidad, la deformación del espacio, las múltiples personalidades y realidades paralelas que de alguna manera se encuentran en una inmensa habitación roja. Twin Peaks es otra muestra de su gran especialidad: mostrar la perversidad de la naturaleza humana, una visión distorsionada de la realidad y la posibilidad de abordar cuestiones acerca de la existencia.

El agente Dale Cooper y sus múltiples matices son dignos de ser resaltados, Kyle MacLachlan hace un trabajo extraordinario, se comporta siempre a la altura de la situación y es parte fundamental en todos los escenarios.

Estos primeros episodios están cargadas de situaciones, símbolos y personajes que sólo podríamos entender al ver las primeras temporadas (o eso quiero creer), pero sin duda estos nuevos episodios son una experiencia sensorial completa. Mientras que nos obliga nuevamente a reflexionar sobre las producciones en modo cinematográfico hechas para la televisión, al final de cada episodio uno se siente en un intermedio de la misma función.

Aunque por momentos es natural sentirse intimidado y agobiado por el desconocimiento de las temporadas pasadas (aunque algo me dice que conocerlas no cambiaría mucho esos sentimientos), plantarse frente a esta tercera sin entender del todo no es una perdida de tiempo, la experiencia que nos ofrece vale cada minuto agónico.

Estoy seguro que más de uno disfrutará de lo inquietante que resulta todo aquí, y las temporadas pasadas pueden venir después ­­­–o no–.

 

 

add_filter( 'the_title', 'max_title_length');